viernes, 13 de septiembre de 2013

La chica que no sabía querer

Dicen que a querer no se aprender queriendo, sino por necesidad.
Una fría noche de verano, con el sonido de los truenos y la lluvia tras los cristales, se hizo una promesa: No sufrir por amor.
Y es que ella no sabe querer; compra ginebra y amor a partes iguales. ¿Será que el alcohol le sacia y no tiene esa necesidad de amar de la que algunos hablan?
Enfrente de la chimenea y con un libro de Agatha Christie ante sus ojos, lo cerró de golpe.
No podía dejar de pensar en otras cosas. Y es que ella es de todos y de ninguno.
Es libre. Sin dueño. Y esa libertad es la que probablemente le frustre.
No es que tenga la necesidad de 'pertenecer' a alguien, pero tanta libert/soled(ad) llega a hacer que se sienta débil.

¿Sabéis cuando tenéis ganas de vomitar y no sois capaces de arrojar toda la mierda que lleváis dentro? Siento la comparación, pero es algo similar.
Ella tiene mucho amor dentro. Y nadie a quien dárselo. Y eso es un problema. Cualquier día de estos revienta y vomita mariposas con purpurina y corazones de terciopelo.
Y a lo mejor es preferible. Qué coño va a saber ella, si no se ha enamorado en su vida. 
Ni quiere. O sí. No lo sabe. Nunca lo ha hecho.

Mientras tanto, irá esquivando el amor que le den y regalándolo a quien menos lo merezca.

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